En temas migratorios tenemos que buscar un equilibrio: no se puede estar a favor del ingreso de personas por pasos fronterizos ilegales, pero tampoco podemos caer en una dicriminación generalizada hacia todas las personas inmigrantes.
En los últimos años, el debate sobre la inmigración en Chile se ha intensificado y polarizado, impulsado por el aumento del ingreso irregular de extranjeros y la preocupación legítima por el impacto en la seguridad y el orden público. Sin embargo, en medio de este debate necesario, ha surgido un fenómeno inquietante: la generalización injusta que algunos sectores han promovido, confundiendo la legítima preocupación por el control migratorio con discursos de abierta xenofobia.
Un debate totalmente polarizado
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Sociedad chilena. |
No obstante, hay una línea que no debe cruzarse. Criticar la inmigración ilegal o el aumento de la delincuencia asociada a ciertos grupos no es lo mismo que atacar o criticar indiscriminadamente a todos los inmigrantes. La xenofobia, que se manifiesta en discursos que culpan a cualquier extranjero por los evidentes problemas de nuestro país, es una simplificación dañina que sólo fomenta el odio y la división dentro de una sociedad que ya está bastante fragmentada. No todos los inmigrantes son delincuentes, ni mucho menos, y no todos los problemas de Chile pueden atribuirse a la migración.
La crisis migratoria no se soluciona con discursos extremistas ni con prejuicios, sino con políticas firmes y equilibradas. Se necesita un enfoque que refuerce el control fronterizo, agilice los procesos de expulsión de quienes han ingresado ilegalmente y establezca mecanismos efectivos para la integración de aquellos que han venido a trabajar y aportar al país. Un inmigrante regularizado, con empleo y arraigo social, es un ciudadano más que contribuye al desarrollo de Chile... por mucho que los xenófobos enfermizos digan lo contrario.
El verdadero problema es la incapacidad del Estado
Lo que realmente le hace daño a Chile no es la inmigración en sí misma, sino la incapacidad del Estado para gestionar este fenómeno de manera eficiente y el discurso polarizado que impide un debate serio y racional. La lucha debe ser contra la delincuencia y el desorden, no contra quienes han venido con la intención de construir un futuro mejor. El foco debe de estar siempre puesto en la generación de más y mejores empleos, de promover el crecimiento económico, y de aislar a quienes insisten en aplicar ideas políticas fracasadas como lo son el Comunismo y el Socialismo.
La xenofobia, al generalizar y fomentar el rechazo indiscriminado, sólo nos aleja de la posibilidad de encontrar soluciones justas y efectivas para el país. Es momento de elevar el debate. Chile necesita seguridad y control, pero también justicia y humanidad. La clave está en encontrar el equilibrio entre ambos principios.
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